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Personas Mayores y Servicios Digitales: Métricas de Experiencia

¿Cómo evaluar la experiencia de personas mayores en servicios digitales masivos?

La evaluación de la experiencia de las personas mayores en servicios digitales masivos requiere un enfoque multidimensional: técnico, humano y ético. La creciente proporción de población mayor obliga a diseñar, medir y mejorar plataformas (banca, salud, comercio, transporte, administración pública) de manera que sean seguras, útiles y fáciles de usar para quienes presentan diversidad funcional asociada a la edad.

Por qué resulta apremiante evaluar esta experiencia

  • Demografía: de acuerdo con Naciones Unidas, la cantidad de personas con 60 años o más crecerá de manera considerable en las próximas décadas, lo que exige que los servicios de gran alcance atiendan adecuadamente a ese grupo.
  • Impacto social: la exclusión digital provoca obstáculos que dificultan el acceso a beneficios, atención sanitaria y derechos esenciales.
  • Riesgos financieros y de seguridad: fallos o malentendidos durante operaciones pueden derivar en pérdidas económicas o en mayor vulnerabilidad frente a fraudes.

Componentes clave de la evaluación

  • Accesibilidad técnica: cumplimiento de pautas de accesibilidad para el contenido web, adaptaciones de contraste, tamaño de letra, etiquetado semántico, compatibilidad con tecnologías de apoyo.
  • Usabilidad: facilidad para completar tareas críticas (crear cuenta, iniciar sesión, pagar, solicitar cita).
  • Comprensibilidad: claridad del lenguaje, mensajes de error útiles, ausencia de jerga y pasos explícitos.
  • Sostenibilidad de uso: soporte, formación y ayuda contextual para mantener la continuidad en el uso.
  • Seguridad percibida y confianza: percepción de privacidad y protección frente a fraudes.

Métricas cuantitativas recomendadas

  • Tasa de éxito de tareas: proporción de personas mayores que logran finalizar una actividad sin apoyo.
  • Tiempo medio por tarea: duración empleada por cada usuario para completar acciones esenciales, útil para identificar puntos de fricción.
  • Tasa de abandono: porcentaje de individuos que comienzan un procedimiento pero no lo concluyen, como un pago o un registro.
  • Errores por tarea: cantidad de fallos repetidos, como clics en áreas incorrectas o campos completados de forma errónea.
  • Índice de satisfacción: valoraciones tras una tarea o sesión, generalmente en escalas de 1 a 5 o equivalentes.
  • Uso de ayuda: regularidad con la que las personas mayores solicitan asistencia por teléfono, chat o material tutorial.
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Métodos cualitativos imprescindibles

  • Pruebas con usuarios representativos: sesiones moderadas donde personas de distintos rangos de edad avanzada realizan tareas reales. Priorizar la observación directa y la retroalimentación verbal.
  • Entrevistas en profundidad: comprender expectativas, miedos, y contextos de uso (p. ej., si usan la plataforma asistidos por familiares).
  • Diarios de uso: registros durante semanas que muestran hábitos reales, picos de uso y problemas recurrentes.
  • Estudios etnográficos: visitas al hogar para observar el entorno digital, dispositivos empleados y fuentes de ayuda.
  • Grupos focales segmentados: explorar percepciones colectivas, lenguaje preferido y barreras comunes.

Segmentación y criterios de muestreo

  • Edad y subgrupos: 60–69, 70–79, 80+. La capacidad funcional varía dentro de cada rango.
  • Capacidades funcionales: visión reducida, audición, movilidad de manos, memoria y atención.
  • Nivel de alfabetización digital: desde nativos digitales tardíos hasta usuarios mínimos; incluir quienes dependen de intermediarios.
  • Contexto socioeconómico: acceso a dispositivos, calidad de internet, soporte familiar.

Diseño de tareas de evaluación

  • Definir tareas realistas y relevantes: iniciar sesión, recuperar contraseña, realizar pago, reservar cita médica, consultar historial.
  • Incluir escenarios con interrupciones: llamada entrante, desconexión de red, comprobante impreso no disponible.
  • Medir desde la primera interacción: tiempo hasta entender la función, no solo la ejecución.
  • Permitir asistencia simulada en algunos escenarios para medir cuánto y qué tipo de ayuda requieren.

Accesibilidad y diseño específico para edad

  • Tipografía y disposición: fuente legible, tamaño escalable por el usuario, buen interlineado y separación entre elementos táctiles.
  • Contraste y color: colores con contraste alto y alternativas para daltónicos; evitar depender solo del color para transmitir información.
  • Navegación simplificada: caminos cortos, opciones claras, evitar menús anidados profundos.
  • Lenguaje claro: instrucciones directas, evitar abreviaturas, ejemplos concretos y confirmaciones explícitas.
  • Protecciones ante errores: guardado automático, confirmaciones antes de acciones críticas, opciones de deshacer.
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Aspectos éticos y de reclutamiento

  • Consentimiento informado: explicar claramente el propósito de la prueba, la grabación de datos y derechos del participante.
  • Privacidad: anonimizar datos y proteger grabaciones que muestren información personal.
  • Compensación y accesibilidad del lugar: cubrir desplazamiento, adaptar instalaciones físicas o virtuales y ofrecer apoyo técnico previo.
  • Representatividad: evitar sesgos por reclutar solo usuarios ya activos; incluir quienes han abandonado el servicio.

Análisis de resultados y priorización

  • Clasificar fricciones por impacto y frecuencia: problemas críticos que impiden transacciones tienen prioridad alta; problemas menores de usabilidad, prioridad media.
  • Mapas de recorrido y puntos de dolor: identificar etapas con mayor abandono o confusión.
  • Propuestas de solución testables: prototipos de baja fidelidad para validar cambios antes de lanzar a producción.
  • Medir efecto de las mejoras: comparar métricas antes y después con cohortes equivalentes (personas mayores).

Casos prácticos ilustrativos

  • Banca digital: un banco de gran alcance detectó que el 40% de los usuarios abandonaba las transferencias por dudas al elegir la cuenta correcta. Al simplificar el formulario, ampliar los campos y ofrecer una confirmación por voz opcional, la tasa de operaciones completadas creció un 25% entre personas mayores y las consultas al centro de ayuda cayeron un 30%.
  • Portal de salud: una plataforma de citas médicas notó que quienes superaban los 75 años no concluían el proceso al no comprender las ventanas emergentes. Optaron por un diseño con lenguaje claro y un recorrido lineal; con ello, la confirmación de citas aumentó un 18% en ese grupo.
  • Comercio electrónico: una tienda lanzó una «versión para mayores» con botones ampliados y soporte telefónico visible. La conversión en usuarios de 70+ creció, aunque se generó una fuerte dependencia del soporte; para equilibrarlo, incorporaron microvideos de entrenamiento y asistencia por videollamada guiada.
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Indicadores de éxito a mediano plazo

  • Disminución continua en la tasa de abandono dentro de los procesos esenciales.
  • Incremento en la frecuencia de uso sin necesidad de apoyo externo.
  • Elevación del nivel de confianza y de la percepción de seguridad.
  • Reducción de llamadas al soporte relacionadas con gestiones elementales.

Sugerencias útiles para optimizar el trabajo de los equipos

  • Incluir a las personas mayores desde la fase inicial del diseño y en cada ciclo de revisión.
  • Incorporar evaluaciones de accesibilidad dentro del proceso continuo de desarrollo.
  • Establecer indicadores diferenciados por edad y nivel de capacidad para identificar posibles desigualdades.
  • Capacitar a los equipos de atención con un lenguaje empático y procedimientos ajustados.
  • Registrar las modificaciones y difundir los aprendizajes para facilitar la réplica de soluciones en otros servicios.

Al evaluar la experiencia de las personas mayores en servicios digitales masivos se combinan datos, observación directa y sensibilidad social. Medir no solo revela problemas técnicos, sino también brechas en diseño, comunicación y acompañamiento. Las mejoras que facilitan el acceso a este segmento suelen beneficiar a todos los usuarios y fortalecen la equidad digital; por eso la evaluación debe ser continua, inclusiva y orientada a soluciones concretas y mensurables.

Por Maria Regina Jordán

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